La muerte del artista. Cómo los creadores luchan por sobrevivir en la era de los billonarios y la tecnología

La muerte del artista. Cómo los creadores luchan por sobrevivir en la era de los billonarios y la tecnología

La muerte del artista. Cómo los creadores luchan por sobrevivir en la era de los billonarios y la tecnología. William DeresiewiczLa idea de que todo el mundo es artista se originó como una afirmación revolucionaria. Ahora se ha convertido en un eslogan de marketing.

Hay quien imagina cómo serían los perfiles en redes sociales de maestros del pasado si hubieran pilotado un ordenador, quien pinta paisajes virtuales que ya forman parte del imaginario de todos, quien explora los efectos de nuestra sobreexposición a imágenes en las pantallas y quienes (muchos y desde hace mucho) se valen de los recursos informáticos para crear. Pero los efectos de la era (y la economía) digital en el mercado del arte van mucho más allá, huelga decirlo, de esas referencias dispersas: es posible que sea cierto que mostrar su trabajo al mundo nunca haya sido tan fácil como hoy para los creadores; otro asunto es asegurar su recepción y, sobre todo, alcanzar una compensación económica por él que permita mantener la propia labor.

A formular y a ahondar en la profundidad de esas dificultades dedica William Deresiewicz La muerte del artista, casi un tratado, con abundante casuística práctica, sobre las actuales necesidades de quienes hacen del arte su profesión (no se refiere solo a la creación visual, también, y en capítulos propios, a la música, la escritura, el cine y la televisión). No es la primera vez que el ensayista estadounidense profundiza en este asunto -ya escribió otro estudio sobre las carencias de la educación universitaria de élite con el que él mismo relaciona ciertos planteamientos de este libro- y, aunque toma como base las circunstancias de su país, la mayor parte de las situaciones planteadas resultarán al lector fácilmente extrapolables al contexto europeo.

La lectura de La muerte del artista puede ser beneficiosa para quienes, conocedores de primera mano del panorama al que se enfrentan los autores que emprenden hoy una carrera artística, puedan sentirse menos solos al entender que sus desafíos no son individuales y para quienes deseen profundizar en las circunstancias que rodean los procesos creativos y también las finanzas de los artistas en la era de Internet, pero sobre todo para ese infinito público que aún se resiste a entender el impacto de la piratería en la creación a corto y largo plazo y el hecho de que los artistas, en el sentido amplio del que hablábamos, necesitan ganar dinero con su trabajo, pagar facturas y financiar su carrera, como cualquier otra persona, por más que su labor presente ciertas especificidades. La batería de razones de Deresiewicz contrarias a la piratería resulta preclara y merece mención: copiar archivos y publicarlos online no es libertad de expresión sino robo; de ningún otro producto podemos comprobar su calidad antes de pagar por él; que ciertos negocios timen, en mayor o menor grado, a los artistas no implica que nosotros también podamos hacerlo; la propiedad intelectual es tan respetable como la propiedad a secas porque priva de la oportunidad de sacar provecho del derecho de acción; las ganancias menores que implica dicha piratería no son sino pérdidas; los derechos de autor no inhiben la innovación sino todo lo contrario; la información querrá ser libre, pero también es valiosa; si los artistas quieren regalar su trabajo, ha de ser elección suya y no de Internet y, en fin, puede que toda creación nazca sobre lo ya existente, pero ello no resta necesariamente originalidad al resultado, y para muestra el magnífico botón de Plutarco y Shakespeare.

En definitiva, en La muerte del artista se habla, con una claridad de por sí relevante y los pies en los estudios y los centros de formación, de asuntos sí formulados en simposios y encuentros en algunas instituciones, pero rara vez objeto de un examen negro sobre blanco: sobre sueldos y cuotas de autónomos, sobre los costes y las lagunas de la educación artística, la importancia (o no) para los creadores de encontrarse en el lugar adecuado en el momento oportuno y de desplegar habilidades sociales y publicitarias suficientes, las posibilidades del uso de las redes, sus carencias y tiranías… o sobre vocaciones y dudas, la conveniencia de perseverar o de tirar la toalla, la pobreza, la gentrificación y los precios de los alquileres, la fidelidad a uno mismo o al público e, incluso, sobre la compatibilidad (nuevamente, o no) de mantener simultaneamente una trayectoria artística y una familia.

Lo advierte Deresiewicz en la introducción: Este es un libro sobre arte y dinero, sobre la conexión entre ambos y sobre cómo esa relación está cambiando y transformando a su vez el arte. A los múltiples dilemas que implica no trabajar por amor… al arte no se les dan, como no podría ser de otra manera en este mundo resbaladizo, respuestas cerradas, sino que se los encarna en casos prácticos: ha charlado el autor con decenas de artistas, en distintas fases de su carrera e instantes de fortuna, que amparados por la intimidad del teléfono le explicaron su situación material y los efectos de esta en sus ideas. El resultado es un retrato, parcial pero significativo y oportuno, de nuestro tiempo.

 

TÍTULO: La muerte del artista. Cómo los creadores luchan por sobrevivir en la era de los billonarios y la tecnología

AUTOR: William Deresiewicz

EDITORIAL: Capitán Swing

EDICIÓN: 2021

PRECIO: 22 euros

PÁGINAS: 438

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