26 mayo, 2024

Corría 2010 cuando el Museo ABC abrió sus puertas por primera vez en la que fue sede de la primera fábrica de cerveza Mahou en la calle Amaniel de Madrid, un edificio que había diseñado José López Salaberry. Sus colecciones eran las de ilustraciones de ABC, que por su calidad y número fueron declaradas Bien de Interés Cultural; a partir de ellas se programaron diferentes exposiciones, que se acompañaron de otras dedicadas, en su mayoría, a artistas en su etapa de media carrera y de iniciativas como Ilustrísima, Salón de Dibujo e Ilustración que se completaba con charlas, talleres o intervenciones en directo.

Tras su cierre obligado por la pandemia, en marzo de 2020, este centro no había vuelto a recibir visitantes; lo hace ahora, justo cuatro años más tarde, con algunos cambios: comparte espacio con el Centro Cultural Clara del Rey, tras hacerse cargo de sus instalaciones la Junta Municipal de Centro, y las salas expositivas de ABC ocupan las dos plantas bajo rasante; el resto de las plantas, tres, corresponden a aulas y talleres, una zona de gimnasio, una sala de usos múltiples, un auditorio y una zona para conferencias del Centro Clara del Rey. Se ha mantenido, en todo caso, parte de la configuración original del edificio de ladrillo visto datado en 1891.

Bajo la dirección de Inmaculada Corcho, responsable del centro desde su primera apertura, el Museo exhibe ya en sus dos primeras exposiciones una selección de sus fondos, compuestos por 150.000 obras de 500 artistas: se trata de “Este Madrid” y “La jaula de los monos”, y ambas pueden visitarse gratuitamente hasta el 28 de septiembre.

La primera, comisariada por el escritor Andrés Trapiello, recuerda que Madrid es una presencia casi ubicua en este acervo; nada raro teniendo en cuenta que aquí se editaron por primera vez ABC y Blanco y Negro y que, justamente en los primeros años de andadura de estas publicaciones, recalaban en la capital numerosos escritores y artistas atraídos por la aparición de aquella prensa moderna. En ella se retrataba a la ciudad en casi todas sus caras: la más elegante y la más popular, incluso arrabalera; la festiva y la moderna, y una compilación de esas imágenes son las que aquí se han reunido.

Trapiello ha explicado que ha querido hacer, mirando a la ciudad, una selección de trabajos esencial que no básica, silenciosa y poco anecdótica: veremos ilustraciones fechadas en el último tercio del siglo XIX y en el XX casi al completo, de Francisco Sancha a Ramón Gaya pasando por Juan Esplandiú y Arturo Souto. Teniendo en cuenta que, aunque Velázquez fue un excepcional pintor del aire de Madrid, la entidad de la ciudad en la pintura no se consolidó seguramente hasta Goya, quien fijaría el tema específicamente madrileño con sus escenas matritenses y sus praderas de San Isidro (después llegarían Eugenio Lucas, Alenza, Beruete, Regoyos…), estas composiciones nos aportan una visión de la ciudad contemporánea, continuadora de aquellas que ya pueden verse en el Prado o en el Museo de Historia de Madrid, y que apelará al espectador de forma muy cercana.

Salvador Bartolozzi. Un revistero de salones Blanco y Negro, núm. 1.346, 1917
Salvador Bartolozzi. Un revistero de salones. Blanco y Negro, núm. 1.346, 1917

En cuanto a “La jaula de los monos”, esta exhibición ofrece no uno, sino seis, enfoques de la Colección ABC, una suerte de cadáver exquisito del que participan la propia Inmaculada Corcho, Víctor Zarza, Eduardo Alaminos, Fernando Castillo, Juan Manuel Bonet y Julieta de Haro. Su título nos lleva al origen de Blanco y Negro en 1891, cuando Torcuato Luca de Tena quiso llevar a los lectores “una crónica constante de todo lo que constituye la vida moderna” que aunase buen papel, buena impresión y buenas imágenes. Cuando algunos colegas de profesión le recordaban que, hasta entonces, no era posible lograr que una publicación contara a la vez con información y monos (así se llamaba a ilustraciones y fotografías), él les contestaba que… la letra con monos entra.

Las seis visiones de los fondos ABC a las que nos hemos referido se corresponden con otros tantos periodos cronológicos, desde ese año 1891 hasta el 2000, incidiendo en temas y autores interesantes, a juicio de la media docena de comisarios, a tener en cuenta en los últimos compases del XIX, los años anteriores a la I Guerra Mundial, los años veinte, los treinta, el franquismo y la transición y, por último, los veinticinco años de democracia hasta el fin de siglo. El recorrido no es exhaustivo, por razones de espacio, pero sí puede abrir diversas vías de estudio a los interesados; en abril, mayo y junio habrá visitas guiadas los sábados por la mañana.

Federico Ribas. Claros de Montalbán. Días de montaña y de mar Blanco y Negro, núm.1.810, 1926
Federico Ribas. Claros de Montalbán. Días de montaña y de mar. Blanco y Negro, núm.1.810, 1926

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