28 noviembre, 2023

La ternura y la ironía son notas comunes en la producción del artista de Palafrugell Jordi Sàbat, que además de pintor es ilustrador y diseñador y que presenta en sus composiciones escenas oníricas pobladas de animales y objetos que dan lugar a una suerte de poemas visuales. Plantean juegos conceptuales con un eco literario, metáforas que conjugan el lenguaje plástico con el retórico y que a veces tienen que ver con inquietudes propias del ser humano, como la soledad, la vida en comunidad o los exilios.

En la mayoría de las ocasiones, en todo caso, ofrecen estas imágenes lecturas múltiples; apelan a lo extraño y resultan atemporales pese a contener motivos que a todos nos resultan familiares, como los cielos, los refugios, la música, el alimento, la lectura, las flores, las estaciones… Sus casas son arquetípicas, como las que todos dibujamos de pequeños (constan de óculos, puertas rectangulares sobre el eje…), pero algo hay en ellas de distinto: un aire silencioso, o antiguo, que no remite a lo confortable del hogar sino que inquieta. Lo familiar, como postuló Freud y sigirieron tantos seguidores del Unheimlich, podía devenir siniestro e incluso abismal, aunque se encuentre entre cuatro paredes.

Como señala Ramon Faura Coll, uno de los recursos de Sàbat a la hora de generar esas sensaciones es el de la repetición, y lo apreciamos en los treinta y seis dosificadores, iguales y a la vez distintos, que aparecen en Musical essences; en su reunión de más de doscientas Coca-Colas de Andy Warhol o en la de medio centenar de Marilyns, motivos que llevó a cabo pintándolos uno por uno, sin hacer uso de los procedimientos del collage, la impresión mecánica o la serigrafía. La duplicidad invoca aquí lo perverso, como si halláramos otra presencia en el espejo frente a nosotros.

Jordi Sàbat. La conquista de la luna
Jordi Sàbat. La conquista de la luna

Un conjunto de trabajos del autor gerundense podrá verse desde el 13 de abril en la Galería Jorge Alcolea de Madrid: suponen acercamientos irónicos a lo cotidiano, referencias a lo subjetivo y poético de nuestra percepción y, sobre todo, relatos que aluden a lo que en cuanto nos rodea parece y no es, o es y no parece, ámbitos ambos que se entrecruzan en su terreno predilecto del sueño. Los mundos captados por Sàbat no requieren solo ser experimentados, sino también pensados: albergan lo que se desea y aquello de lo que se duda, parten de conceptos concretos y restan banalidad a enseres habituales al despojarlos de su contexto.

En su caso, el diseño fue su primer lenguaje; después llegaría la ilustración y esta dio paso, de manera natural, a la pintura, pero su andadura ha sido un camino de ida y vuelta, en estilos, técnicas y formatos, desde la necesidad de contar historias. A veces ha trabajado en obra seriada; otras, en piezas aparentemente inconexas entre sí, pero en realidad relacionadas por su gama cromática o por su trasfondo temático.

Jordi Sàbat. La colonia
Jordi Sàbat. La colonia
Jordi Sàbat. La comunidad
Jordi Sàbat. La comunidad

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