Primeras cineastas: carreras a fuego lento

Primeras cineastas: carreras a fuego lento

Nacieron en la última década del siglo XIX o en los primeros compases del XX y la mayoría de ellas llegaron a dirigir tras desarrollar carreras extensas en el universo del cine, en responsabilidades no menores pero sí menos expuestas. En muchos casos, las convenciones sociales que atenazaban la independencia femenina centraron su obra. Hablamos del trabajo de ocho directoras pioneras, a uno y otro lado del Atlántico:

ALICE GUY

Mi juventud, mi falta de experiencia, mi sexo, todo conspiraba contra mí. La frase pertenece a la primera mujer directora, una pionera del cine narrativo, del color y de efectos especiales como las técnicas de enmascaramiento de doble exposición; se trata de Alice Guy, que nació en París, pasó su infancia entre su país, Suiza y Chile y, en 1894, comenzó a trabajar como secretaria de León Gaumont, el creador de los estudios Gaumont. Para ellos llevó a cabo docenas de cortometrajes y también una de las primeras películas de ficción: La fée aux choux(1896).

Pudo ascender a supervisora de dirección y luego a jefa de producción antes de dirigir el que sería uno de los primeros largos con una mujer al frente, La vida de Cristo (1906), que incorpora algo de color. Más tarde acudió a Estados Unidos junto a su marido, director de las oficinas británica y alemana de Gaumont, y allí abrieron su propio estudio en Nueva Jersey, The Solax Company, en 1910. Lograron éxitos como La vampiresa o Sombras del Moulin Rouge, pero cuando la industria se trasladó a California y el matrimonio se divorció, Guy se quedó sin apoyos para continuar realizando películas; regresó a Francia y quedó relegada al olvido durante décadas. Sin embargo, en sus últimos años, volvió a Estados Unidos y su prestigio creció, sobre todo en los círculos feministas, que la aclamaron como pionera del cine cuando la hegemonía de la industria pasó de Europa a América.

Su filmografía, que consta en cualquier caso de cientos de títulos, destaca por su vocación experimental y sus innovaciones técnicas.

Alice Guy (1873-1968)
Alice Guy (1873-1968)

GERMAINE DULAC

Germaine Dulac también fue una de las primeras mujeres que se dedicó a la dirección en Francia, aunque inició su carrera como periodista, llegó a dirigir la revista feminista La Française y se convirtió en una figura destacada del movimiento sufragista en el país vecino. Pero se interesaba cada vez más por el cine y, a principios de los veinte, dirigió filmes como La fiesta española, convirtiéndose en una personalidad clave de la escuela impresionista, de la que también formaron parte Jean Epstein o Abel Gance. Partiendo de las teorías del simbolismo decimonónico, buscaban un cine puro, al margen de la influencia de la literatura y basado en los principios del fraseo o la construcción musical, como queda patente en Temas y variaciones, de Dulac, desde su mismo título.

Frente a las disociaciones surrealistas, Germaine y los impresionistas defendían un cine emocional, sugestivo y evocador: L´Invitation au voyage (1927) es una película altamente lírica que emplea imágenes asociativas de velas, nubes y olas como representaciones subjetivas de sentimientos. Aunque no siempre se llevaban bien, colaboró con el surrealista Antonin Artaud en una de sus primeras piezas cercanas a ese estilo: La concha y el clérigo, de 1928. Para Mon Ciné declaro que entendía que la obra cinematográfica debía nacer de un shock de la sensibilidad.

Sus experimentos fílmicos acabaron con la llegada del sonido, inadecuado para la musicalidad visual de su imaginería, pero continuó trabajando en el cine como jefa de producción de noticiarios para los estudios Pathé y Gaumont, hasta que se retiró.

 

DOROTHY ARZNER

Estados Unidos no tendría su primera mujer directora hasta los treinta: fue Dorothy Arzner, nacida en San Francisco en 1897. Trabajó de camarera en un pequeño restaurante que su padre tenía en Hollywood, por lo que se relacionaba a diario con actores, directores y guionistas y, tras servir en el Cuerpo de Ambulancias en la I Guerra Mundial, entró en el mundo del cine como secretaria en el departamento de guiones de Players-Lasky, a las órdenes del hermano de Cecil B. de Mille.

Por su talento e inteligencia, progresó rápido en su carrera: fue script, cortadora de negativos y después montadora; a ella le debemos el montaje de las secuencias de toreo en Sangre y arena (1922). Al año siguiente, James Cruze le invitó a hacer lo propio con su western La caravana de Oregon, lo que hizo con elegancia y, tras aquellos primeros pasos, Paramount le encargó la dirección de un modesto filme, La reina de la moda (1927), que logró el éxito comercial y de crítica. Su éxito lo consolidó con otras dos películas de la era del jazz: Un beso a media luz y No lo dejes escapar, del mismo año 27.

Crecería aún en prestigio con La loca orgía (1929) y el drama Hacia las alturas (1933), en el que participó una muy joven Katherine Hepburn, pero su mayor éxito fue La mujer sin alma (1936). La recordamos sobre todo por Dance, Girl, Dance (1940), una denuncia del lado oscuro del music-hall, con Lucille Ball, y su ejemplo llevó a muchas mujeres a entrar en la industria.

Dorothy Arzner (1897-1979)
Dorothy Arzner (1897-1979)

LOTTE REINIGER

De vuelta a Europa, en el especializado y exigente campo de la animación de siluetas destacó la alemana Lotte Reiniger, cuya carrera duró sesenta años. Contó con humor, delicadeza y brío suficientes para lograr que las técnicas más sofisticas parecieran simples.

Se dio a conocer con su primer y único largo de animación, Las aventuras del príncipe Achmed (1926), basada como casi todos sus hechizantes cuentos en un relato fantástico de hadas, del estilo de Las mil y una noches. Había estudiado en el taller de interpretación de Max Reinhardt y, aunque casi nunca actuaba por sí misma, sí lo hacía a través de sus siluetas, dotando a los personajes de la elegancia y la expresividad de un ballet.

Para la mencionada Las aventuras del príncipe Achmed recortó ella misma las figuras y diseñó su propia animación, como haría en adelante siempre en su carrera: no es raro que tardara unos tres años en gestar cada una de sus obras.

Su otro largo, En busca de la felicidad (1930), combina la animación y la acción real; la mezcla no salió muy bien. En el resto de su trayectoria se limitó a hacer cortos o fragmentos de películas ajenas, como el juego de sombras de La marsellesa de Jean Renoir. Reiniger y su marido, el historiador del arte Carl Koch, productor y operador de cámara de sus películas, dejaron Alemania para trasladarse al Reino Unido, cuya ciudadanía ella adquirió. Se retiró en 1963, pero en los setenta aún hizo dos películas para la National Film Board de Canadá: Aucassin and Nicolette (1975) y The Rose and The ring (1979); ya era anciana pero sus dedos no habían perdido nada de su destreza.

 

LENI RIEFENSTAHL

Alemana y compañera de generación de Reiniger fue Leni Riefenstahl, ideóloga visual del Tercer Reich y propagandista nazi. Antes había sido una cineasta instintiva, con talento para mostrar los cuerpos en acción, erotizados en su movimiento. Tras aparecer en varias películas de aventuras de Arnold Fanck, se estrenó como directora con La luz azul (1932), una suerte de celebración del físico de trazas arias que le granjeó el favor del Partido Nacionalsocialista.

En adelante consiguió plasmar, e incluso contribuyó a crear, la hipnosis de las masas propia del Congreso de ese partido en 1934 en Nuremberg. La cuidada coreografía y una edición muy trabajada convirtieron El triunfo de la voluntad (1935) en un documental pionero, un hito en la historia de la propaganda y una presentación de Hitler ante el mundo. Su siguiente filme, Olimpiada, parte 1 (1938), el primero de dos sobre los Juegos Olímpicos del 36, revolucionó el periodismo deportivo, estableciendo técnicas que siguen usándose hoy.

Repudiada por su pasado nazi tras la II Guerra Mundial, realizó Riefenstahl una película más, Tiefland (1954), y en 2002 rodó el documental Impresiones bajo el agua. No se arrepintió hasta su muerte de su ideología, pero vivió agobiada por su pasado.

 

MARGUERITE DURAS

Marguerite Duras se alineó al otro lado. Esta novelista y directora, nacida en la Indochina francesa, es conocida sobre todo como guionista de Hiroshima, mon amour (1959), la película de Alain Resnais sobre la breve relación entre una joven de la Francia ocupada y un arquitecto japonés, superviviente de la bomba atómica.

Había perdido pronto a sus padres, se fue a París a estudiar derecho y en la guerra, que estalló mientras trabajaba para la Oficina Colonial Francesa, se unió a un grupo de la resistencia dirigido por Miterrand (que, a su vez, rescataría a su marido de Dachau). Tras la contienda se dedicó a escribir novelas, obras de teatro y guiones hasta que, ya en los setenta, decidió dedicarse solo al cine, salvo por la excepción de la publicación de El amante en 1984.

En sus películas, de formato experimental, aparecen personajes que podrían haber sido parte de sus obras de teatro o sus novelas; en ellas se emplea una voz en off que narra una historia en lugar de explicitarla. Destacan el drama fantástico India Song y el romance Le Camion, en el que ella misma actuó junto a Gérard Depardieu; el último filme que escribió y codirigió fue la comedia Les Enfants, en 1984.

Marguerite Duras (1914-1996)
Marguerite Duras (1914-1996)

MAYA DEREN

La II Guerra Mundial también marcaría los destinos de Maya Deren: nacida en Ucrania, se trasladó a Estados Unidos con su familia huyendo de los pogromos contra los judíos rusos. La consideramos pionera de los cortos experimentales en América y en su, quizá, mejor obra, Meshes of the Afternoon (1943), una colaboración con su primer marido, el fotógrafo Alexander Hammid, actuó en el papel de una mujer que se enfrenta en sueños a las vidas que conoció en dos periodos distintos.

Esta película, que demuestra su fascinación por el tiempo, sigue la lógica del recuerdo, en el que todo ocurre simultáneamente. Hace que el espectador penetre en la mente de un personaje principal para ser testigo del estado emocional de una mujer atormentada al final de su existencia. En obras posteriores, como At Land (1944) y Ritual in Transfigured Time (1946), siguió utilizando el montaje, insertando exteriores en una sola escena y generando así una causalidad que sirve a sus propósitos. Otros elementos recurrentes en su trabajo fueron la cámara lenta y las coreografías.

A fines de los cincuenta documentó danzas haitianas y rituales del vudú; en cualquier caso, trabajó incansablemente por promover el cine independiente y distribuyó y financió su propio trabajo. La primera beca Guggenheim, en 1946, fue para ella.

 

IDA LUPINO

Nuestro repaso culmina con Ida Lupino que, a fines de los cincuenta, fue prácticamente la única directora trabajando en el Hollywood comercial. Aunque su producción es reducida, su profesionalidad y pragmatismo sirvieron de referencia a otras, como Kinuyo Tanaka.

Empezó a actuar siendo adolescente, sometiéndose a encasillamientos varios (la Jean Harlow inglesa, la Bette Davis de los pobres) e, insatisfecha, comenzó a escribir guiones y creó su propia productora. La primera obra en salir de ella fue Not Wanted, cuya dirección se encargó a Elmer Clifton, pero este murió a los tres días de rodaje, asumiendo Lupino su lugar (aunque no consta así en los créditos). El filme habla de una muchacha de un pueblo pequeño que tiene un hijo fuera del matrimonio; se trata de su primer estudio de mujeres atrapadas por la moral social.

La protagonista de su primera película como directora acreditada, Never Fear (1949), era una bailarina con poliomelitis y en Outrage(1950) habló de violaciones. Continuó poniendo dedo en llaga en The Bigamist (1953), en la que un vendedor débil pero bienintencionado acaba casado con dos mujeres en dos ciudades distintas (Lupino interpretó a una de ellas). Compadecemos al individuo, pero no se suaviza el perjuicio de sus engaños.

Seguramente su mejor largo sea La muerte al acecho (1953), thriller sobre dos hombres que, en unas vacaciones, recogen sin saberlo a un convicto fugado. También fue, largamente, directora para la televisión.

Ida Lupino (1918-1995)
Ida Lupino (1918-1995)
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