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Muere el poeta Leopoldo María Panero

Muere el poeta Leopoldo María Panero

by David Huertas
6 marzo, 2014
Actualidad, Literatura
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El poeta madrileño Leopoldo María Panero, exponente de la poesía transgresora, ha fallecido la pasada noche en el Hospital Rey Juan Carlos I de Las Palmas de Gran Canaria, según ha confirmado a Efe su editorial Huerga y Fierro.

La incineración del escritor, que sufría desde hace tiempo una dolencia crónica que determinó que su muerte no cogiera por sorpresa al personal sanitario que lo cuidaba, tendrá lugar en el Tanatorio San Miguel de la capital grancanaria.

Nacido en Madrid, el 16 de junio de 1948, e hijo del gran poeta astorgano Leopoldo Panero, una de las mejores voces líricas de postguerra, y la escritora y actriz Felicidad Blanc, era hermano del también poeta Juan Luis Panero y de “Michi” Panero.

Fuentes de la editorial han indicado que sobre la medianoche pasada recibieron una llamada de los médicos del Hospital Rey Juan Carlos I, en cuya unidad psiquiátrica Panero era tratado en los últimos años, comunicando su muerte por un fallo multiorgánico.

Este hospital tenía encomendada la tutela de Panero al no tener familiares directos.

“Amigo Leopoldo María Panero, siempre has sido un extraordinario poeta, fiel y amigo de tus amigos. Allí donde estés que sepas que te echaremos de menos”, indica el comentario que la editorial ha colgado hoy en Facebook, que finaliza con un “Te queremos. Descansa en paz”.

Escritor desde su más tierna infancia, estudió Filosofía y Letras, que abandonó en segundo curso en protesta contra el “conocimiento formal” y “sin conexión”, y desde que cumplió los 19 años ha vivido en varias etapas recluido en hospitales psiquiátricos, entre ellos varios de Madrid y el de Mondragón (Guipúzcoa), donde permaneció 10 años.

El poeta maldito
Leopoldo María fue uno de los nueve nombres incluidos en la antología de poesía Nueve Novísimos (1970) por el crítico literario catalán Josep Maria Castellet.

Hijo del “radicalismo” y la revuelta juvenil de los años 60 y 70, tuvo una vida personal transgresora. Estudió Filosofía y Letras, que abandonó en segundo curso, en protesta contra el “conocimiento formal”.

Publicó por primera vez, en 1968, el poemario Por el camino de Swant, al que siguieron Así se fundó Carnaby Street (1970), Teoría (1973) y otras muchas de carácter autobiográfico, entre ellas una antología poética en 2003, con la que obtuvo el Premio Estaño de Literatura.

Son años que transcurren para Panero entre largas temporadas de tratamiento psiquiátrico y en los que también fue detenido en seis ocasiones.

Tras un año en París, regresa a España en 1979 y publica Narciso en el acorde último de las flautas, uno de sus libros más celebrados.

Su cuento Paradiso o le revenant obtuvo el premio de cuentos Gabriel Miró 1984, pero le fue retirado por haber sido editado antes en la revista literaria La luna de Madrid. Publicó ese mismo año el relato Aquello que callan los nombres.

Luego se publicaron Dos relatos y una perversión (1984), Poesía, 1970-1985 (1985), Antología (1985), Poesía 1970-1985 (1986) y Poemas del manicomio de Mondragón (1987).

Fue en 1976 cuando se estrenó la película El Desencanto, de Jaime Chávarri, una cinta demoledora sobre la vida de la familia Panero y Felicidad Blanc.

Y en 1994 trabajó con el director Ricardo Franco, interpretándose a sí mismo en Después de tantos años (1994), una nueva versión acerca de la vida de los Panero
Panero, que pasó a lo largo de su vida por cinco psiquiátricos, escribió también Contra España y otros poema de no amor (1990), la selección poética Agujero llamado Nevermore 1968-1992 (1992), Heroína y otros poemas (1992) y Piedra negra o del temblar (1992).

A final de los noventa aparecieron Orfebre (1994), Tensó (1996, con Claudio Rizzo), El tarot del inconsciente anónimo (1997), Guarida de un animal que no existe (1998), el ensayo Mi cerebro es una rosa (1998), Abismo (1999), Teoría lautreamontiana del plagio (1999), su relato Palabras de un asesino (1999) y Poemas del Manicomio de Mondragón (1999).

Dio un único recital en 2005 en La Paloma de Barcelona para presentar el disco-libro Leopoldo María Panero y el documental Un día con Panero.

Premio Estaño de Literatura 2003 por Antología poética, Panero también escribió Suplicio en la cruz de la boca (2000), Teoría del miedo (2000), Poesía Completa 1970-2000 (2001), Águila contra el hombre: poemas para un suicidamiento (2001), Me amarás cuando esté muerto y ¿Quién soy yo?: apuntes para una poesía sin autor (2001, y 2002, ambos con José Águedo Olivares) y su ensayo Prueba de vida. Autobiografía de la muerte (2002).

Siguieron luego Buena nueva del desastre (2002), Poemas del manicomio del Dr. Rafael Inglot (2002), Conversación (2003), Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul (2004), Erección del labio sobre la página (2004), Danza de la muerte (2004), Poemas de la locura seguido por El hombre elefante (2005) y Presentación del superhombre (2005, con Félix Caballero) y su epistolario con Diego Medrano Los héroes inútiles (2005) y el relato Papá, dame la mano que tengo miedo (2007).

“Panero era una persona que buscaba la muerte”
El narrador y poeta Luis Antonio de Villena ha recibido la muerte de Leopoldo María Panero como “algo esperado desde hacía muchísimos años”.

“Todos lo que le conocíamos siempre suponíamos que Leopoldo iba a morir joven; pensábamos que iba a ser el primero de su familia en morir y ha sido el último”, ha afirmado a Efe el autor, muy cercano a Panero desde joven y amigo de la familia.

De él destaca que era “una persona que buscaba la muerte”: “Siguió un camino de autodestrucción, que podía ser malo, podría estar uno de acuerdo con él o no, pero era el que había elegido. Y si le hubieran dejado seguir este camino, habría muerto hace mucho”.

De Villena plantea que los 30 años que Panero pasó en instituciones psiquiátricas, “prisionero de la medicina legal”, debería provocar una reflexión sobre “hasta qué punto la sociedad puede hacer lo que ha hecho con él” y “si vivimos en una sociedad tan buena como nos quieren hacer pensar o no”.

“En esos años nunca mejoró, se le podía considerar un preso de la medicina. Si en el manicomio -porque a él no le gustaba decir psiquiátrico, sino manicomio- le hubieran curado, todo habría tenido sentido, pero simplemente le contuvieron, e iba lentamente a peor”.

Así, afirma el escritor, Panero “se convierte en una metáfora terrible contra todos”, en mitad de una sociedad “totalitarista, dominada por mediocres, que están imponiendo un autoritarismo nefasto”.

“No me cabe duda de su singularidad, su buena poesía inicial, de sus fogonazos estupendos y el papel significativo que ha tenido, a su pesar, como maldito terminal, como la imagen del malditismo en España”, remarca de Villena sobre la figura del “novísimo”.

“Era un poeta muy bueno, pero en el manicomio su poesía bajó mucho, la última que hacía estaba siempre firmada por él y por otra persona, que era la que se encargaba de pulir la poesía”, señala, mientras explica que esto se debía a que Panero, en sus últimos años, perdió la capacidad de dar “continuidad” a sus versos.

De la misma forma, critica que en esa etapa, “muchos se aprovecharon de su nombre”, como editores que “le convirtieron en una especie de monstruo, un maldito por excelencia, utilizado para vender”, y muchas veces formaban libros de Panero con poemas que no seleccionaba el autor, sino ellos mismos.

En estos momentos, de Villena se encarga de recordar del verso Deseo de ser piel roja, con referencias kafkianas e incluido en uno de los poemas del libro de Panero Así se fundó Carnaby Street: “Aunque es un poema muy juvenil, de alguna forma estaba muy dentro de él; el deseo no de ser un hombre civilizado, sino deseo de ser piel roja“, concluye el poeta.

“Panero es el recuerdo del fulgor”
El editor barcelonés Jorge Herralde ha considerado hoy que Leopoldo María Panero fue un grandísimo poeta, muy inteligente, y del que quedará “el recuerdo del fulgor” por sus poemas con “imágenes imprevistas”.

Tras presentar la novela “Peste & Cólera” del francés Patrick Deville, Herralde ha rememorado que conoció a Panero en la Barcelona de finales de los años sesenta, donde fue un “personaje recurrente, muy amigo de Ana María Moix -fallecida el pasado viernes- y de Félix Azúa”.

Asimismo, ha opinado que junto con Pere Gimferrer y Ana María Moix fue el tercer “Novísimo” en “brillar de forma espectacular”.

Por otra parte, ha recordado que dictaba conferencias que eran “como fogonazos, fuera de todo corsé, muy auténticas”. “El desquiciamiento psicológico puede llevar a epifanías sobrecogedoras”, ha concluido.

Agencia-Madrid



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