La íntima relación entre la arqueología y el cómic

La íntima relación entre la arqueología y el cómic

La Pequeña Galería del Museo del Louvre acoge una exposición que pone en relación las piezas arqueológicas de su colección y el noveno arte. Jean-Luc Martinez (director de la pinacoteca francesa) y Fabrice Douar han articulado el proyecto en torno a un elemento común de las dos disciplinas: el dibujo. Hasta el 1 de julio

El primer museo de Francia vuelve a abrir sus puertas al noveno arte con la exposición L’archéologie en bulles(la arqueología en globos) –por utilizar el término castellano para referirse a las formas ovaladas donde se sitúan los diálogos en una historieta–; en la que se profundiza en la relación entre su colección de piezas arqueológicas y el cómic. La muestra está comisariada por Jean-Luc Martinez, director del Museo del Louvre, y Fabrice Douar, editor en dicho museo y responsable de la colección de cómics que edita esta pinacoteca.

El proyecto se sustenta en un elemento común a ambas disciplinas, el dibujo, así como en una analogía entre las diversas etapas propias del trabajo arqueológico y su reflejo en el noveno arte.

Sobre estas líneas, Los archivos sobre el pasado como inspiración para la arqueología. Le guide des cités – Le temps perdu de François Schuiten, 1998, colección del autor. Arriba, De izquierda a derecha, Sarcófago de Tamoutneferet (1295-1186 a.C.), y Gaspard et la malédiction du prince fantôme, de Isabelle Dethan, 2017..

La muestra se divide en cuatro grandes secciones temáticas que coinciden con las cuatro grandes fases en las que se desarrolla toda misión arqueológica: “La partida”, es decir, todo aquello que es previo a la excavación; “El descubrimiento”, o momento en que las piezas arqueológicas salen a la luz; “la clasificación”, donde se organizan y sistematizan los restos arqueológicos, y, finalmente, “la interpretación”,o conclusiones obtenidas a partir del estudio de dichos restos.

Vue imaginaire de la Grande Galerie en ruines, de Hubert Robert, 1796

La sección titulada “la partida” se centra en dos ideas distintas: en primer lugar, incluye los cuadros y grabados de ruinas arqueológicas de Italia que se hacen muy populares a partir del descubrimiento de Pompeya y Herculano, y que poco a poco, se extiende por otras civilizaciones y territorios. La exposición incluye obras de artistas como Hubert Robert, y sus vistas de Roma, y por extensión, los dibujos y cuadernos de viaje de los artistas que acompañaban habitualmente a las expediciones arqueológicasdecimonónicas en Grecia y Oriente Próximo; con piezas tan interesantes como la vista de la Acrópolis de Atenas de Léon Adolphe Auguste Belly, o los dibujos de Eugène Flandin de los grandes genios alados de Nínive.

De izquierda a derecha: casco de tipo corintio (700-680 a.C.), y Les fantômes du Louvre, de Enki Bilal, 2012.

Estos materiales arqueológicos conviven con cuadernos de apuntes de historietistas que también acuden a los yacimientos y museos para documentarse a la hora de dibujar una historieta. Estas libretas, cuajadas de dibujos, guardan una asombrosa similitud con aquellos cuadernos que realizaban los artistas decimonónicos.

De izquierda a derecha, figura de tierra cocida (1500-1000 a.C.), encontrada en Susa, y L’Art du Chevalement, de Philippe Dupuy y Loo Hui Phang, 2013. La arquelogía como estrato de memoria. La contemplación de la pieza activa el recuerdo del protagonista, de forma análoga a la magdalena de Proust.

La exposición incluye el trabajo de Pierre Mazan e Isabelle Dethan, ambos autores muy conocidos por su trabajo en el género de la bande dessinée de inspiración histórica; pero quizá, la pieza más interesante de esta sección sea la de Sylvain Saboya, que en 2006 es invitado a acompañar a una expedición arqueológica,encargada de localizar el asentamiento que crearon los supervivientes del traumático episodio de la historia de Francia conocido como el “naufragio de Tromelin”.

Les Larmes du géant, en Papyrus, de Lucien du Gieter, 1986. Un ejemplo de fidelidad arqueológica a la hora de reinterpretar los restos materiales del pasado.

A partir de dicho trabajo, Sylvain crea su novela gráfica Les Esclaves oubliés de Tromelin (Los esclavos olvidados de Tromelin), 2015; mostrándose en L’archéologie en bulles dos páginas de dicho trabajo. La primera es un dibujo del yacimiento arqueológico y los restos materiales que allí se encontraron; mientras que la segunda, enseña los resultados de dicha documentación en la obra, ya que en ella se observa el asentamiento reconstruido y habitado por lo supervivientes del conocido naufragio.

En ocasiones, los historietistas también recurren a la clasificación tipológica. L’Île Louvre, de Florent Chavouet, 2015.

La segunda idea está dedicada a las grandes figuras de la arqueología, destacando sobremanera el retrato de Jean-François Champollion de Léon Cogniet (1831). Como es sabido, el mérito más conocido del estudioso francés, radica en haber descifrado la piedra Rosetta, dando acceso a las fuentes literarias egipcias.

La grande Pyramide, en Martin Mystère, de Giancarlo Alessandrini y Alfredo Castelli, 1986.

Esto permite introducir un tercer concepto en la exposición: la importancia de las fuentes literarias; en el sentido de “motor” que despierta el interés por el mundo antiguo e inspiran muchas expediciones arqueológicas, y también como objetivo primordial de las expediciones arqueológicas del siglo XIX, muy interesadas en la recopilación y estudio de los restos epigráficos, con vistas a descifrar aquellas escrituras que no podían ser leídas.

Vue imaginaire du Louvre en ruine, de Jacques Tardi, 1993. Apunte al carbón para la película Le temps d`un musée, de Stan Newmann.

Dos hermosas ilustraciones de François Schuiten, tituladas Mundaneum (1998) y Le temps perdu (1998), ilustran este concepto a la perfección. Junto a ellas, páginas de historietas en las que se aprecia cómo ha evolucionado a lo largo de los años el arquetipo del arqueólogo en la cultura popular, desde la imagen estereotipada del alto burgués del siglo XIX y primeras décadas del XX hasta visiones más modernas y ajustadas a la realidad como Master Keaton (1988-1994), de Naoki Urasawa. También hay hueco para la fantasía, mostrando variantes del arqueólogo aventurero, que encarna a la perfección el personaje de Martin Mystère, détective de l´impossible (1982) de Alfredo Castelli y Giancarlo Alessandrini.

Les esclaves oubliés de Tromelin, de Sylvain Savoia, 2015. Apunte tomado in situ durante la expedición arqueológica a modo de documentación (arriba), y el resultado en el cómic (abajo).

La segunda sección está dedicada al “descubrimiento”. Pocas sensaciones son comparables a la emoción de encontrar un tesoro arqueológico. El Louvre aporta a la exposición piezas de su colección como el Tresór du Boscoreale (50 a.C-50 d.C.); mientras que la bande dessinée se ocupa de mostrar estas riquezas en el imaginario popular a través de cómics como Thorgal, les trois Vieillards du pays d’Aran, de Grzegorz Rosinski y Jean van Ham (1980).

También dedica un espacio a la arqueología submarina, incluyendo piezas recuperadas en el mar como la estatua de bronce de Apollon (130-100 a.C.) o una estatua de mármol de Sabine (88-133 d.C.), esposa del emperador Adriano. Un puñado de páginas de cómic muestran tesoros submarinos, destacando “Pim Pam Poum”, en The Captain and the Kinds, de Rudolf Dirks (18 de julio de 1915).

De izquierda a derecha, Momia de gato (664-632 a.C.) y Période glaciare, de Nicolas Crécy, 2005.

La tercera sección está dedicada a la “clasificación”. La exposición recrea un corte estratigráfico de un yacimiento, y lo relaciona con la página original de una historieta. De forma análoga a un yacimiento, está compuesta por diversas capas o estratos superpuestos. Cada una de ellas revela las dudas del autor, las decisiones tomadas a la hora de dibujar y, por supuesto, el propio proceso de realización de la página.

Además, esta sección dedica un espacio a los estudios de tipologías, ilustrándolos mediante una notable colección de fíbulas, y poniéndolas en relación con las clasificaciones tipológicas que, en ocasiones, realizan los dibujantes de cómic. Por ejemplo, se expone la clasificación de tipos de rostros presentes en cerámicas y esculturas del Louvre que lleva a cabo Florent Chavouent en L’Île Louvre (2015).

Pocos historietistas se han inspirado de forma tan activa en la arqueología para construir sus mundos llenos de fantasía como Moebius, en 40 days dans le désert B, 1999.

La última sección de la exposición, y también la más rica, es la dedicada a la “interpretación”. La última fase del trabajo arqueológico incluye las conclusiones, con su publicación correspondiente. De manera análoga, el trabajo del historietista también concluye con la publicación, en la que cristaliza toda su investigación documental.

Sin embargo, al tratarse de un trabajo creativo, el acercamiento de la bande dessinée a la interpretación arqueológica es muy diverso y libre. Puede mantenerse fiel al conocimiento sobre la civilización que se recrea; como sucede por ejemplo en las páginas de Papyrus, de Lucien de Gieter (1974); del que se muestra una plancha de la aventura Les larmes du géant (1986), con una versión de Los colosos de Memnónabsolutamente canónica, o en el casco de tipo corintio que evoca Enki Bilal en Les fantòmes du Louvre (2012). Pero también hay cabida para interpretaciones y recreaciones mucho más fantasiosas, como sucede con 40 Days dans le désert B, de Moebius (1999).

Cabeza de Moai (ss. XI-XV d.C.), Isla de Pascua

Mención aparte merece el álbum de Nicolas de Crécy, Période glaciare (2005); en el que una civilización futura que no mantiene memoria de nuestro presente encuentra bajo el hielo las ruinas del Museo del Louvre, poniendo en boca de los personajes, futuros exploradores y arqueólogos, todo tipo de hipótesis sobre la utilidad del edificio y el significado de los restos que contiene.

Una última sección de la exposición hace referencia a las piezas arqueológicas más famosas del museo del Louvre, y su versión en viñeta, mostrando piezas como por ejemplo la Victoria de Samotracia (h.190 a.C.), el Escriba sentado (2600-2300 a.C.), El friso de los arqueros del palacio de Darío en Susa (510-500 a.C.) o una cabeza de Moai de la Isla de Pascua (ss. XI-XV d.C.), vistos por los historietistas Florent Chavouet, Isabelle Dethan, David Prudhomme y Stefano Turconi, respectivamente.

Il Porto Proibito, de Stefano Turconi y Teresa Radice, 2015.

Los comisarios recopilan una variedad y volumen de páginas de historietas tan ingente que, sin romper la estructura expositiva que aquí describo, deciden organizar tres rotaciones de piezas distintas durante el periodo expositivo. Así, esta exposición, adquiere unas notables dimensiones, lo que permite ahondar en el estudio y disfrutar mucho más de dos disciplinas tan fascinantes como son la arqueología y el cómic.

Asier MENSURO

Yacimiento prehistórico de Marillac-le-Franc. Cuaderno de apuntes, de Mazan, 2011.

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