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Adiós, Lobo Noble: El último aliento de la política

Adiós, Lobo Noble: El último aliento de la política

by David Huertas
28 marzo, 2014
Actualidad, Crítica y opinión
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Por Midsoul Wölf

Adolfo: Nombre masculino de origen germano proveniente de la contracción de la fusión de las palabras athal (noble) y wolf (lobo) Athalwolf.

1975, la decadencia española tocaba a su fin con el fallecimiento del dictador ultracatólico, Francisco Franco…o eso pensaba la ciudadanía española.

La confusión, el miedo, la frialdad que resonaba en las calles de un país tembloroso ante el castigo de la guerra civil, el autoritarismo franquista y el terrorismo, que habían arrancado a España la piel a tiras, la hacían verse huérfana ante el vacío de poder ¿Qué sucedería ahora con los ojos suplicantes del pueblo?

Adolfo Suárez heredaba un puesto político de riesgo; de la dictadura a la república, de la incontestable obediencia al caudillo, a eso que se llama de manera incorrecta democracia representativa. La ciudadanía derramaba lágrimas de alivio, pero también de temor a que la apertura del régimen acabase siendo una simple continuación de esos cerca de cuarenta años de fusilamientos y fractura entre hermanos.

Suárez subía al poder como presidente en un contexto más que delicado. Había que calmar al pueblo, había que hablarle con palabras sinceras, había que darle algo más que confianza: Había que desinfectar las heridas de una España maltratada con la sutileza de las manos que solamente un verdadero político puede tener.

Adolfo Suárez mostró las suyas, limpias, a la ciudadanía y que la política no es la bestia que concentra los males del universo; que se puede tratar con ella, aun a riesgo de que muerda, y dar entonces más beneficios que los pesares que hasta ese momento había sembrado sobre el país.

Aquellos que habían conocido los horrores de un absurdo, pero no por ello menos hiriente, enfrentamiento civil entre vecinos, primos, hermanos, amigos de toda la vida, que entonces se volvieron enemigos sólo por color partidista, y a los que se tenía que dar muerte; aquellas personas que habían soportado ya con tremebundo hastío cuarenta años de obediencia a un desgastado militar que había accedido al gobierno por la fuerza y había sumido en las sombras del régimen medieval a toda la península, manteniéndola congelada durante el tiempo que duró su mandato, abrían su alma a un presidente que hablaba de nuevos valores, de democracia, de libertad, de “concordancia” “solidaridad” de que primero iba la ciudadanía y que él la necesitaba para poder construir un gobierno, de que nada era imposible, pero que todo se tenía que hacer con delicadeza para lograrlo.

La ciudadanía más joven se erguía con gran desconfianza ¿Quién les iba a garantizar que su palabra fuese de fiar?

Al poco de legalizar los partidos del ala izquierda: comunistas y socialistas, y proclamar la libertad de prensa, Suárez fue asediado en crescendo por las mismas personas a las que había dado aquella libertad, quienes atacaron de manera incesante su imagen a fin de desprestigiar su presidencia y empujarle fuera del ring político, de la manera que fuese.

Pero no sólo prensa y socialistas se decidieron por engullir la efigie cada vez más solitaria de Suárez.

Miembros de su propio partido no dudaban en actuar contra él como apoyo a la envida pseudopolítica del resto de partidos, que en ningún momento gozaron de la calidez del pueblo español ni de su confianza, tanto como lo había hecho este Lobo Noble.

España agoniza: La sinceridad, molesta, crea envidia, no se concibe en el ámbito político, es apolítica, los valores no pertenecen al ejercicio del gobierno.

El presidente ha de ser una figura de hierro, inexpresiva y sin sentimiento, a la que nada afecte y que pueda con todo, defensor férreo del color del partido al que pertenece aun yendo en contra de toda moral y ética ¿Ciudadanos? No; consumidores y votos. Hoy rojo, mañana azul; primero prometo y después no cumplo. El agotamiento de los ciudadanos y las ansias de ser cobijados por un poder afectivo, les ha costado la dignidad, ya no hay ganas de aguantar. Nadie cumple la palabra, la palabra del hombre no vale nada ¿Cómo fiarse de nuevo? ¿Quién se atreverá a prometer y a cumplir como lo hizo el señor Suárez, político literal? ¿Cuántas alternancias más entre bandos de una misma mentira y con la misma fuerza de destrucción masiva? ¿Cuántos más miles de puestos inútiles mantenidos sumisamente por personas que gritan silenciosas justicia y comprensión? ¿Cuánta pobreza más del canceroso imperio en el que nunca se ponía el sol y que necesita ya de una cura definitiva?

Hacia dónde miraremos ahora, que la política parece haber marchado junto a la maltratada alma de su hijo, quien daba antes su vida al pueblo que ofrecer al mismo en bandeja; hacia dónde ahora, que el firmamento parece haber sido barrido de estrellas…

Esperemos, que la política no haya marchado contigo, alma noble.



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